Isis, Hobbes, Morlocks, Buda y la Abeja Maya

Nuestro modo de vida “Occidental”, (entiéndase Europa, Norteamérica y algunos países asiáticos entre los que se encuentra Japón), ha experimentado desde hace más de medio siglo un alejamiento cada vez más intenso de situaciones dolorosas que antaño constituían una realidad cotidiana.

Las cruentas guerras, fatales enfermedades y episodios de embrutecimiento civil, más propios de una visión hobbesiana de la realidad (donde la vida del hombre era “por lo general solitaria, pobre, tosca, embrutecida y breve”), tenían sentido cuanto más atrás en el tiempo nos remontáramos. Este escenario llegó a su máximo esplendor durante los fenómenos acaecidos en los alrededores y apogeo de la II Guerra Mundial. La culminación de esta nefasta contienda supuso un punto de inflexión para dar paso a un giro de 180º, hacia la consolidación de los “Estados del Bienestar”, cuyo máximo exponente se ha materializado recientemente en la Unión Europea (con permiso de la actual y larga crisis global, cuyos efectos finales serán tremendamente impredecibles).

La ciudadanía contemporánea vive sumida en una continua paradoja: Las guerras en estos países occidentales, ya no tenían lugar en su territorio. Son exportadas a escenarios exóticos donde los objetivos se fijan y superan a miles de kilómetros sin manchar de sangre a sus votantes, que viven inmersos en una burbuja insensible a los males de otras tierras.

El humano occidental del que hablamos, (que no es otro que nosotros mismos) es capaz de contemplar imperturbado, sentado sin pestañear en su sofá, fenómenos a priori horribles tales como la guerra en directo, el hundimiento de pateras y la hambruna de naciones enteras. Simultáneamente, es capaz de devorar palomitas frente a la emisión en directo de tanta atrocidad. Paradójicamente, es capaz de llorar y deprimirse ante los acontecimientos triviales como la muerte de una mascota, o la derrota agónica de un determinado equipo de fútbol.

De forma general, sólo los ancianos occidentales han vivido el horror imperante de  antaño, cuando era habitual que las guerras regaran las calles. Se aprecia que las generaciones, cuanto más alejadas de la década de 1930 y 1940, más tendentes son al hedonismo y a la huida del dolor.

Podría afirmarse que los más jóvenes tienden a vivir absortos en un fenómeno similar al experimentado por Buda. Se dice que al iluminado en su infancia, se le escondía de la realidad envolvente fuera de su Palacio, y se le evitaba todo contacto con la miseria, la guerra, la enfermedad y la humanidad, disfrazando su cotidianeidad de eterna juventud, infinitos placeres y una total ausencia del dolor.

Cada vez se normalizaba más que alguien pueda enfrentarse al fenómeno de la muerte en etapas más tardías. Tiempo atrás, la vecindad entera de un pueblo se volcaba durante días ante la ruptura de la vida que proporciona la presencia de la muerte. El dolor, la educación y la buena preparación ante lo inevitable y azaroso de lo fatal, tenían entonces respuesta y cobertura en los escasos y rudimentarios, pero eficaces, recursos de la comunidad de entonces.

Hoy día los cementerios se vacían de velatorios, a los enfermos se les visita lo justo en los hospitales y toda situación negativa se intenta desdramatizar para “vivirla por dentro”, según le toque a cada individuo. Nuestro ritmo occidental frenético reprime la “ventilación de emociones”, el derecho a sentir dolor y a adecuada canalización psicológica. Por el contrario, impone la tendencia a la búsqueda de la felicidad a toda costa. Exige estar al 100% en lo emocional para rendir en lo laboral, en lo personal y en lo social. El precio del estado del bienestar censura al propio malestar, que a su vez es intrínseco a la realidad humana en cualquier civilización

Es frecuente aludir al “Mundo de la Abeja Maya”, cuando alguien vive inmerso en un optimismo desproporcionado. Nuestra civilización fuerza un acercamiento al “Mundo Feliz” de Huxley, hasta que nos despierta de forma súbita e imprevista el fenómeno “Morlocks”. Los “Morlocks” son los personajes creados por H.G. Wells en su obra “La máquina del tiempo”. Son seres que viven en oscuras cavernas, agresivos e infelices que sabotean esporádicamente la felicidad idílica de los humanos del futuro. En cierta manera, los Morlocks tienen cabida en la concepción hobessiana del mundo.

La aparición de una organización más sanguinaria que Al Qaeda, los atentados de París, la explosión del avión ruso y la psicosis mundial que implanta la maquinaria terrorista del Isis, devuelven a occidente a una situación en la que los Morlocks nos retornan del mundo de la abeja maya, al escenario Hobbesiano del mundo, amenazando en convertir a nuestros Budas refugiados en el hedonismo en seres solitarios, pobres, embrutecidos y de vida breve. Tal vez sea momento de volver a dejar fluir a las emociones.

Javier Gallego

Psico & Politicoach

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