¿Deberían los parados custodiar las mesas electorales?: La mesa electoral y los gajes del azar

Nos acercamos al 24-M, día apasionante para los politólogos de cualquier País. Recuerdo hace cuatro años recuerdo que me acosté sin poder dormir. Cada vez que cerraba los ojos, aparecían en mi mente arcos electorales de todos los Municipios y Comunidades Autónomas actualizándose, algo que no me pasaba desde que jugaba al Tetris cuando era muy joven.

Es muy probable que el azar te haya señalado para custodiar una mesa electoral. Las mesas electorales se configuran según el artículo 27 de la Ley Orgánica 5/1985, de 19 de Junio, del régimen electoral general. Dice así:

El Presidente y los vocales de cada Mesa son designados por sorteo público entre la totalidad de las personas incluidas en la lista de electores de la Mesa correspondiente, que sepan leer y escribir y sean menores de setenta años, si bien a partir de los sesenta y cinco años podrán manifestar su renuncia en el plazo de siete días. El Presidente deberá tener el título de Bachiller o el de Formación Profesional de segundo Grado, o subsidiariamente el de Graduado Escolar o equivalente

Esta norma provocará que 173.217 personas atiendan este domingo las mesas electorales. Cada una cobrará una dieta de 62,61 € (Esto hacen casi 11 millones de euros de gasto, sólo en los componentes de las  mesas y sin contar la retribución de los operarios que montan las mesas, fuerzas del estado que velan por la buena marcha de la jornada en los colegios electorales, coste de las papeletas, subvenciones a los partidos políticos en función de los votos obtenidos, etc).

Casi todo el mundo percibe de forma aversiva el hecho de pertenecer a una mesa electoral. Aproximadamente el 70% de los componentes de una mesa electoral está trabajando y la mayor parte de estas personas que están trabajando estarían dispuestos a renunciar a estos 62,61 €, y que alguien que sí esté dispuesto y/o necesite de este dinero pueda ocupar su lugar.

También podría razonarse que dado que los funcionarios del estado son los que hacen que el estado funcione día a día. ¿No deberían ser ellos los que ocupen estas mesas?

Este es un tema recurrente y electoralista al que cada año no faltan políticos de todo el abanico electoral en sumarse. ¿Es esto posible? ¿Podrían los parados o voluntarios ocupar los cargos de las mesas electorales? ¿Debería ser así?

Desde el punto de vista legal, habría que reformar la mencionada Ley Orgánica 5/1985, de 19 de Junio, del régimen electoral general. Actualmente no es posible con el actual marco legislativo. Incluso hay una curiosa iniciativa en Facebook al respecto. Pincha aquí para verla.

Desde el punto de vista democrático, tampoco debería ser así. Esgrimo mis razones:

La mesa electoral se constituye para que la propia ciudadanía pueda tener garantizada su derecho al sufragio de una manera transparente, sin injerencias de ningún tipo.  Para ello, utiliza un instrumento que garantiza que cualquier ciudadano, excepto aquellos que se proponen para ser candidatos, pueda velar por el buen funcionamiento democrático: El azar.

Dado que son muy numerosos los componentes llamados a pertenecer a una mesa electoral, por la propia ley de los grandes números, estarán representados en la totalidad de las mesas aquellos colectivos que componen el censo (menos en este caso, los mayores de 70 años).

Supongamos que un partido político propone medidas muy intensas y agresivas que ampliamente beneficiarían a los parados de manera discriminatoria frente, frente a otros colectivos.

Supongamos además que se permitiera que la composición de las mesas electorales corresponda exclusivamente a los parados. Sin dudar de la calidad ética de este colectivo, pero dudando de la propia condición humana… ¿No se aumentaría la posibilidad de que existieran mesas electorales que incumplieran con la normativa y la garantía democrática durante el proceso electoral?  Pudiera ocurrir que la mesa electoral actuara para distorsionar estas elecciones, a través de un recuento de votos distorsionado, ocultando papeletas de los partidos o a través de otras estrategias sucias.

Supongamos que la composición de las mesas corre a cargo del funcionariado. Un partido que proponga medidas muy favorables a los empleados públicos en detrimento de otros colectivos, podría distorsionar el proceso electoral por un proceso similar al anterior.

En nuestra nación, damos por hecho con facilidad que todo el mundo es buen ciudadano, que este tipo de cosas no van a suceder en nuestro País y que este tipo de argumentos son exagerados.

Basta con recordar cuánta sangre y sudor se ha desperdiciado para tener nuestras actuales garantías democráticas (y no me refiero sólo a los tiempos de Franco, podríamos remontarnos a procesos envenenados de caciquismo y pucherazo, o a instituciones que siempre se opusieron a la participación democrática de su ciudadanía desde principios del siglo XIX).

Basta también con mirar a procesos electorales en numerosos países de nuestro globo, donde las garantías democráticas brillan por su ausencia.

Participar en la vida pública y en sus procesos en la antigua Grecia estaba considerado como una bendición, no como una desgracia.

Uno de los principales enemigos de la democracia reside en la ignorancia de la importancia de su funcionamiento por parte de su ciudadanía.

Javier Gallego

Psico & Politicoach

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